LOS GRUPOS SOCIALES S. XIV-S.XV

 

a. Grupos sociales privilegiados: nobleza, clero y oligarquias urbanas.

b. no privilegiados: campesinado y grupos urbanos

LA NOBLEZA.

Según Moxó la importancia del tema se debe a dos aspectos: por un lado, el predominio en los distintos planos de la sociedad medieval (económico, político y cultural) de este grupo humano restringido que llamamos nobleza, y por otro, que el siglo XIV es fundamental en la culminación (conceptual y socioeconómica) de la trayectoria ascendente de poderío y prestigio del estado nobiliario, además supone una renovación biológica de los linajes de la nobleza castellana.

Factores determinantes de la condición nobiliaria: patrimonio, privanza, nacimiento, status jurídico propio y dedicación a la guerra.

A.- PATRIMONIO: la fortuna necesaria al rango es indispensable para mantener éste, especialmente en la alta nobleza. La fortuna patrimonial es un factor básico en la génesis de la clase nobiliaria y en la consolidación de su condición preeminente (aunque en épocas más tardías no será el supuesto más importante, por ejemplo los hidalgos empobrecidos). La debilidad patrimonial provoca la decadencia del linaje, mientras que la elevación del mismo se debe al enriquecimiento, más hechos militares notables, más el favor del rey.

El origen de su riqueza es la base patrimonial (dominios territoriales y jurisdiccionales), las actividades administrativas de altos cargos y la concesión de rentas públicas.

B.- PRIVANZA: considerada como influjo en la política del país (directa o no). La nobleza desempeñaba los más importantes cargos de la administración central y territorial. El ejercicio de cargos administrativos llevaba consigo la percepción de determinados ingresos.

C.- NACIMIENTO: la herencia de sangre lleva aparejada una condición jurídica y social indispensable como rasgo nobiliario consolidado antes del siglo XIV, además la condición de noble suponía no pagar impuestos.

Los círculos nobiliarios:

Moxó considera la necesidad de hablar de círculos nobiliarios, distinción entre alta y baja nobleza, cuyo ritmo de vida era distinto y cuya falta de diferenciación conduciría a una visión desenfocada.

Dos son los grupos que aparecen diferenciados en la Baja Edad Media: ricohombres y caballeros o hidalgos. El círculo de los ricohombres (barones en Cataluña) constituía el más reducido, homogéneo y poderoso de los dos (engrandecido en la conquista del siglo XIII). El grupo de los caballeros estaba compuesto por gentes con medios de fortuna inferiores y de la más diversa y heterogénea condición originaria,

Las crónicas de los reyes (siglos XIII al XV) hacen hincapié en esta diferencia de ambos círculos, sólo el rey y los infantes (cuya descendencia pertenecía a la Alta Nobleza) estaba por encima de los ricohombres. Fueron los ricohombres los que realmente influyeron en la política del estado y los que consiguieron mayor reputación y consideración de la población.

Los factores que han servido para caracterizar a la nobleza sirven también para distinguir entre la condición de ricos hombres y de los caballeros:

– patrimonio: en el siglo XVI (Juan García y Fray Juan Benito Guardiola) se consideraba ricohombre sólo al hidalgo que gozaba de una riqueza muy estimable. La riqueza es un rasgo fundamental en la condición de ricohombre. Pero el origen de la riqueza debía ser como “señor de solar conocido” (solar= casa de vasallos solariegos). EL número de vasallos solariegos debía ser alto, tal como testimonian en el siglo XIV el uso de símbolos con el pendón-poder para reclutar gente- y la caldera- que indica la posesión de medios para mantener la hueste con sólo sus ingresos-.

– privanza: según el autor se puede afirmar que el rasgo de la privanza nobiliaria se manifestó esencialmente a favor de los ricohombres. Hay una repetida atribución de los principales cargos a miembros de este grupo y se trata de un rasgo distintivo (es decir, quien ocupa un cargo X seguro que es un ricohombre). Estos cargos eran cortesanos y de amplia influencia territorial. Sin embargo, aquellos cargos que no rebasaban de ordinario en su influjo o poderío la esfera local o comarcal estarían en manos del segundo círculo nobiliario ,

– nacimiento: este factor determina la adscripción a uno de los dos círculos, aunque había posibilidades de acceso de algunos caballeros a ricohombres. Esta distinción no se reflejaría en Castilla en el orden jurídico sino sólo en el económico y social. Pero en Aragón sí, en la Cortes estaban separados unos de otros.

EL CLERO.

Jose Luis Martín echa de menos un estudio de conjunto sobre este estamento y considera que los trabajos monográficos sobre obispos, monasterios y ordenes militares distan mucho de permitirnos una visión de conjunto.

Los clérigos se equiparan en muchos puntos a los nobles (existencia de un fuero propio, importancia de sus posesiones agrícolas y exenciones tributarias). Ocuparon importantes cargos en la Corte (Cancilleres, notarios, etc.), aunque en el siglo XIV van siendo sustituidos por seglares.

Aunque no hay diferenciación jurídica dentro del estamento , la importancia de unos y otros varió extraordinariamente. Los más importantes fueron los obispos y priores de ordenes militares.

 

OLIGARQUIAS URBANAS.

            Julio Valdeón critica la tesis tradicional sobre el origen de la aristocracia urbana, la cual se sustentaba en dos ideas básicas: por una parte, se considera que las aristocracias urbanas de los siglos XIV y XV surgen de un proceso de diversificación social que parte de una sociedad más o menos igualitaria en los siglo X-XI; y por otra, que en el origen de estas oligarquías urbanas están fundamentalmente caballeros (cuyo poder radica en la posesión de tierras y en su función militar).

Para J. Valdeón este esquema solo podría ser válido para las tierras entre el Duero y el Sistema Central, y no para el Norte del Duero y para Andalucía Occidental. Pero además considera, por un lado, que es difícil admitir un carácter igualitario a los pobladores de los primeros tiempos (el contraste entre caballeros y peones era muy acusado); y por otro, que las aristocracias urbanas no solo se nutrieron de militares-terratenientes sino también de comerciantes y artesanos (marginando incluso a caballeros sin fortuna).

En la “lucha por el control político de los concejos” constata que las oligarquías urbanas monopolizaron el poder político en sus respectivos núcleos de población en los últimos siglos medievales.

Comparte con autores como Sacristan, Carlé o Monsalvo que es discutible la vieja idea de una etapa de predominio de los concejos abiertos a los que sigue otra en que se impuso el concejo cerrado o regimiento. Igualmente considera un tópico poco justificado la pretendida existencia de una edad de oro de las libertades municipales en Castilla-León.

Según Vadeón el concejo abierto se desarrollo entre las comunidades de aldea de la cuenca del Duero en los siglo IX y X. Ahora bien, según él, esto no demuestra que se generalizasen, y cita a Goutier Dalché, para señalar que también existían numerosos “concilia” en los que solo participaba una minoría. Además considera que los “concilium” urbanos no tienen porque ser una continuidad de los rurales y posiblemente no tuvieron nunca un carácter abierto.

Continua señalando que en la segunda mitad del siglo XIII los concejos urbanos de Castilla y León estaban dominados por una élite (“caballeros y hombres buenos”) y que el Regimiento del siglo XIV no es sino la cristalización legal de una situación que venía de tiempo atrás. Con el Regimiento se ponían las bases de la oligarquización del poder local, primero consiguiendo el cargo de regidor por las principales familias y después tendiendo a hacer el cargo hereditario.

Estas oligarquías urbanas tendrían su edad de oro en los siglos XV y XVI. Su poder estaría basado fundamentalmente en su riqueza material ( tierras, comercio, banca, arriendo de impuestos, artesanía…) , aunque su ideal es caballeresco y pretenden entrar en la nobleza. Sus principales rasgos son:

Solidaridad y endogamia, alianza con los sectores eclesiásticos de su ciudad, encuadramiento en linajes, cofradías y bandos políticos y adopción de una postura de resistencia a la señoralización de finales del Medievo.

Finalmente señala que no se puede generalizar ya que nos encontramos con un panorama muy diversificado entre los grandes núcleos de población y la villa o “pequeñas ciudades”. Estas últimas responderían mejor al esquema tradicional de unos caballeros terratenientes-militares que monopolizan el gobierno municipal.

 

GRUPOS URBANOS.

La sociedad de las ciudades es más diversa que la del mundo rural, aunque la barrera entre campo y ciudad no es nada clara en la Edad Media.

Una primera clasificación social de los ciudadanos puede hacerse teniendo en cuenta el origen de sus ingresos: de la tierra, comercio o artesanía, aunque no hay un corte tajante entre estas actividades. Y dentro de cada grupo habría que distinguir categorías sociales: pequeño y gran propietario, noble, eclesiástico y burgués; grande y pequeño mercader, maestro, oficial y aprendiz. Dentro de los comerciantes incluiríamos a banqueros y prestamistas y junto a estos grupos encontramos ” oficios liberales”, mendigos o trabajadores ocasionales.

La población urbana tenía dependencia directa del rey y se libraban de los derechos señoriales (es la llamada libertad ciudadana frente a la dependencia campesina).

Los miembros del cuerpo ciudadano no son iguales ; sobre la gran masa de la población se elevan un primer grupo de patricios, que son los verdaderos dirigentes urbanos (los que ocupaban los cargos de regidores en Castilla) y junto a los que colaboran los grandes mercaderes (Cataluña), los maestros de oficios y los juristas, mientras la masa se relega a papel de espectador. En Castilla la nobleza termina por ocupar un papel fundamental en el concejo. En las ciudades catalanas los gremios tienen una importancia fundamental, pero en Castilla hasta el siglo XV no podemos hablar de verdaderos gremios.

CAMPESINADO.

El campesinado seguía constituyendo la mayoría de la población en los reinos hispanos bajo medievales, aunque dentro de este término se encerrasen situaciones sociales muy distintas desde el labrador acomodado al jornalero. Los campesinos en su mayor parte, cultivaban las tierras ajenas (señoriales o reales) por las que debían de satisfacer censos,  tributos y diezmos. Su situación empeoró con la crisis del siglo XIV al hacerse mayor la presión nobiliaria. Estas dificultades produjeron enfrentamientos y desordenes.

 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

 

 

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